Guía completa
Una operación sencilla con un detalle que no lo es
Cambiar bujías, mecánicamente, es de las operaciones más directas del taller: desenroscar, montar la nueva, apretar con el par correcto. Lo que marca la diferencia entre un cambio bien hecho y uno rápido es acertar con la bujía exacta que pide tu motor — rosca, longitud dentro de la cámara, tipo de electrodo y código térmico. Un modelo con rosca demasiado larga puede llegar a chocar con las válvulas; uno con el electrodo equivocado da fallos de encendido desde el primer día.
Cobre, platino, iridio: lo decide el fabricante, no el precio
Las de cobre, las más clásicas, son las que menos duran y cada vez se montan en menos motores nuevos. El platino y el doble platino aguantan bastante más, y el iridio, que es lo habitual en la mayoría de motores actuales, es el de intervalo más largo: cuesta más por unidad, pero el coste por kilómetro recorrido queda parecido al de las otras opciones. No es una elección que hagamos nosotros a discreción — la marca el fabricante, y lo confirmamos antes de pedir la pieza.
Lo que cuentan las bujías viejas
Antes de descartarlas, las revisamos con calma. Un color beige claro indica combustión correcta. Depósitos negros y secos apuntan a mezcla demasiado rica, normalmente por inyección o sondas. Restos aceitosos delatan consumo de aceite por segmentos o guías de válvula, que ya es una reparación mayor. Un aislante blanquecino o el electrodo muy erosionado dan pistas sobre mezcla pobre o kilometraje elevado sin cambios previos. No sustituye a un diagnóstico completo, pero es información que un escáner OBD no siempre da y que compartimos con el cliente si vemos algo raro.
Marcas con las que trabajamos
Montamos bujías de calidad equivalente a la de origen, con el código exacto que pide el motor. No montamos bujías genéricas de procedencia dudosa: lo poco que se ahorra no compensa la pérdida de prestaciones y durabilidad que suelen dar.
Si tu coche está en garantía de fabricante o es de flota, la referencia exacta de la bujía y su código de calor quedan reflejados en la factura — es la documentación que hace falta para que un mantenimiento fuera de la red oficial no comprometa la cobertura del componente.