Guía completa

Antes de mirar el turbo

Cuando un coche turboalimentado pierde fuerza, la tentación es pensar directamente en el turbo. Pero el aire que comprime tiene que recorrer un camino largo hasta los cilindros: filtro, turbo, manguitos, intercooler, más manguitos, colector. Cualquier fuga en ese recorrido tiene el mismo efecto que un turbo cansado.

Por eso la secuencia que seguimos empieza fuera del turbo:

  • Manguitos y abrazaderas. Las gomas se endurecen con el calor del verano y el frío de las madrugadas de invierno, y acaban agrietándose en los pliegues.
  • Intercooler. Delante del radiador recibe piedras y suciedad de autovía, y puede tener poros.
  • Sensor de presión y caudalímetro. Si miden mal, la centralita limita la potencia aunque todo esté sano.
  • Filtro de aire. Uno muy sucio ahoga la entrada.
  • Geometría variable. En muchos diésel, el mecanismo de álabes se pega por carbonilla, sobre todo en coches que hacen poca autovía.

Si el problema sí es el turbo

Con el turbo localizado como culpable, se mira la holgura del eje: un poco de juego axial es normal, pero si el rodete llega a rozar la carcasa, el turbo está dañado. Se revisan los álabes por si ha entrado algo por la admisión, y se observa si hay aceite en la entrada o la salida, señal de que los retenes ya no sellan.

Según lo que aparezca, se valora reconstruirlo o montar uno de calidad equivalente a la de origen.

En los diésel con geometría variable hay un caso intermedio. El turbo está sano, pero el mecanismo que orienta los álabes se ha pegado por carbonilla y ya no regula la presión. A veces se recupera limpiando y comprobando el actuador; si el mando eléctrico falla, se sustituye y se calibra con diagnosis.

La parte que más se descuida

Un turbo gira muy rápido y vive del aceite que lo lubrica y lo refrigera. Si se rompe, casi siempre hay un motivo: aceite pasado de intervalo, nivel bajo, un latiguillo de engrase con carbonilla o un filtro de aire que ha dejado pasar suciedad. Montar uno nuevo sin revisar eso es arriesgarse a repetir la avería.

Al sustituirlo se cambian aceite y filtros, se revisa o cambia el latiguillo de engrase si está obstruido y se limpia el aceite que haya quedado en el intercooler. Los intervalos de cambio de aceite que se recomiendan después son los del plan del fabricante.

Una costumbre que ayuda

Si vuelves de la sierra o llegas al garaje tras un tramo de autovía a buen ritmo, deja el motor unos segundos al ralentí antes de apagarlo. Con el uso de muchos coches de Alcobendas, que alternan atasco y autovía, es un gesto sencillo que cuida el turbo.

Llámanos al 679 176 858 con el modelo y, si lo tienes, el código que marca el lector.